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El primero en estudiar el tic, con rigorismo científico, fué Georges de Tourete . . .


Varios lectores me piden que vuelva sobre el tema del tic nervioso. Ocurre que semanas atrás escribía sobre la relación entre la oferta electoral de freír cabezas y el desorden neurobiológico que a simple vista se le advierte al comandante Chávez, en sus entrevistas a través de la TV.

El primero en estudiar el tic con rigorismo científico, fue Georges de Tourette. Un caballero de finales del siglo XIX, acudió al consultorio del sabio, a ver si además de eliminarle a su esposa la mueca recurrente, antiestética y escatológica que hacía con sus labios, descubría algún remedio contra la enojosa falta de compostura de la señora. Era un verdadero caso. Los esfuerzos del médico fueron estériles, no obstante la comunidad científica quiso reconocer su dedicación, así que bautizó como síndrome de Tourette, todos esos movimientos involuntarios, rápidos, repetitivos, de grupos musculares del rostro o de cualquier otra parte del cuerpo, que popularmente conocemos ahora como tics nerviosos.

Pese a que no ha sido determinada su causa con exactitud, se sabe que el morbo responde a una deficiencia de los neurotransmisores. Hay evidencia científica que a diferencia de las personas normales, los pacientes graves de Tourette, presentan un metabolismo irregular de la dopamina, serotonina, norepinephira y cholina, que como sabemos, son sustancias químicas que permiten a las neuronas desarrollar sus funciones.

Por supuesto que la gravedad del síndrome varía de paciente a paciente. Un elevado porcentaje se inserta social, laboral y familiarmente con éxito. Pero ¡ay de los individuos crónicos de este desorden neurobiológico!

Según la Guide to the Diagnosis and Treatment of Tourette Sindrome, 3ª edición, un caso debe calificarse como de pronóstico reservado, cuando el tic músculo-motor múltiple y compulsivo, es acompañado por la hiperactividad, ansiedad, conducta obsesiva y atención pobre del sujeto. Un touretteano grave, es muy agresivo, discutidor (argumentativeness), impaciente enfermizo, e incapaz de seguir instrucciones, no por incomprensión o disidencia, sino porque carece del mínimo autocontrol. La verbosidad de estos sujetos es copiosa y por lo general soez, provocadora y contradictoria (coprolalia), presentan repetición compulsiva de frases hechas o de citas supuestamente célebres (echolalia y palilalia), además de la imitación de gestos de terceros, difuntos en muchos casos, con los cuales pretenden establecer eslabones (echopraxia) ¿Verdad que es casi increíble la coincidencia de tal sintomatología con nuestro individuo?

Me parece mirarlo. El Comandante regresa a casa. Tic-tic,tic-toc. Desea aliviar tensiones pues no ha parpadeado desde el último eclipse de luna. Sin embargo en lugar de pulsar Play en su equipo de video, mira su película favorita en FF fast foward. Llaman a la puerta de su habitación y en forma instintiva contesta ¿Aló?¿Aló?¿Aló? Ahora es tiempo de sacudirse, toc-toc-toc, la naríz por septuagésima vez en los últimos quince minutos, tic-toc-toc, pese a que no tiene gripe ni sufre de alergia. De pronto recuerda que hay que escribir un discurso. Acto seguido registra espasmos en los músculos del cachete derecho a razón de 71/2 en la escala de Richter. Tic-tic-toc. Escribe corrido sesenta cuartillas, solo que cuando cree haberlas concluido, advierte que olvidó, toc-toc-tic enchufar y ponerle papel y a su vieja Remington eléctrica. Y toc .

Ninguna malquerencia en su contra, Comandante. Con decirle que hemos escrito la presente Antología para que se entere del mal que padece aunque por lo pronto, la ciencia no le ha descubierto cura. Por lo que se refiere a lectores incrédulos o deseosos de más detalles sobre la madre de enfermedad mental que afecta al citado candidato, los invitamos a visitar vía autopista de información la siguiente página web:

http://neuro-www2.mgh.harvard.edu/TSA/medsci/guidetodiagnosis.html

No hay de qué. Tic-toc,toc-tic,toc-toc-too-toc-toc-toc.

 


© 2001 Derechos Reservados - Dr. Omar Estacio