Abogados:Poco que celebrar

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cada vez están más distantes los anhelos de un sistema de justicia revolucionario  al servicio de los que tienen menos y no de los que tienen más . . .


 

  El pasado lunes, se conmemoró el Día del Abogado. Una jornada en la que hubo poco que celebrar, porque cada vez están más distantes los anhelos de un sistema de justicia revolucionario - en los hechos no en la hojarasca-  al servicio de los que tienen menos y no de los que tienen más.
Las carencias en la materia, siempre han sido numerosas en Venezuela, pero ahora alcanzan cotas de tragedia. Limitaciones de tiempo del lector y de espacio en esta columna, nos constriñen a concentrarnos en los retrocesos más significativos registrados en el último año.

El ejercicio libre de la abogacía es directamente proporcional a la vigencia efectiva del derecho a la defensa inherente a todo ser humano. Tal tipo de ejercicio profesional, a su vez, demanda el funcionamiento de colegios o barras de abogados autónomas, que elijan de manera democrática sus autoridades sin intrusiones gubernamentales.

Esas exigencias han sido corroboradas por varios Tratados internacionales de los cuales, Venezuela es signataria. Pese a ello, la Sala Constitucional del TSJ, el 14 de febrero no solo anuló las elecciones del Colegio de Caracas, sino que se arrogó la inexistente potestad de elegir sus directivos. Esa misma Sala Constitucional, en concierto con el Consejo Nacional Electoral, mantiene congelada la renovación de la directiva de la Federación de Colegios de Abogados. En paralelo, se suprimió parte importante de los ingresos de las mencionadas corporaciones gremiales mediante la reforma de la ley de registros y notaría. Toda una política de Estado que apunta a la aniquilación de las asociaciones de abogados, lo cual redunda como ha quedado dicho, en la peligrosa mutilación de derechos inherentes a la persona. En cuanto al ejercicio de nuestra profesión, propiamente dicho, el último año registra el caso de una dirigente gremial, Mónica Fernández, víctima del sicariato, aparte de ser cada vez más frecuente la apertura de procesos penales contra defensores judiciales para inhibirlos en el ejercicio vehemente de sus patrocinios.

Las plazas del gobierno judicial están cubiertas, en su mayoría, por magistrados y funcionarios afectos a la sedicente revolución. Pero, el estamento político, lo que desea es sumisión absoluta. A mediados del año pasado un grupo de parlamentarios afectos al oficialismo acusó, en globo o alzada, a los integrantes del TSJ. No hubo continuidad en la instrucción y dictamen de los graves señalamientos, menos aún, en su individualización. Algo que evidencia que más que una cruzada de higienización del sector justicia, los diputados buscaban aterrorizar e inhibir la posible capacidad de disenso de los supuestos infractores.

Los expedientes abiertos por el Consejo Moral, de dudosa moral, por cierto, contra los magistrados Oberto Velez y Mármol de León, se inscriben en esta arremetida. Salvo casos muy excepcionales, en ningún país a medias civilizado, se puede encausar a un juez por los fundamentos de sus fallos. Eso es, precisamente, lo que han hecho contra la magistrado Mármol. A Oberto, por su parte, la misma instancia “moral” lo procesó por un caso de morosidad judicial que de ser cierta, constituiría una conducta aislada en su dilatada hoja de servicios.

La seguridad ciudadana forma parte del sector justicia. También allí,  se han presentado retrocesos dramáticos. En el período analizado se promulgaron dos leyes por vía de decretos del Presidente que quebrantan varias normas atinentes al debido proceso. Nos referimos a las de Policía Nacional y la popularmente calificada como “Ley Sapo”. Mientras se recurre a tales artilugios para apuntalar la concentración de Poder en Miraflores, millares mueren a manos del hampa y no existe política de Estado orientada a atacar la injusticia social, que es donde está la raíz del flagelo.

Las inhabilitaciones políticas por parte del Contralor General, la confiscación de los equipos de RCTV y el bochornoso episodio del presidente Chávez, consumiendo hoja o pasta de coca, engrosan este expediente de impunidad, regresivo y entrópico.

Como ha quedado escrito, poco que celebrar en el Día del Abogado

 

© 2008 Derechos Reservados - Dr. Omar Estacio