El Gringo, Simón Bolívar

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La homonimia, aparentemente insustancial, en algunos casos puede convertirse en elemento motivador para acciones formidables.La homonimia, aparentemente insustancial, en algunos casos puede convertirse en elemento motivador para acciones formidables . . .


 

  Los venezolanos, hemos oído hablar de Simón de Bolívar Jaúregui, “El Viejo”, para los historiadores, nacido en Puebla de Bolívar, Marquina, España y primer miembro de la familia que pisó tierra americana. También, de Simón de Bolívar, “El Mozo”, natural de la Española, hoy Santo Domingo, quien ejerció el cargo de Visitador del obispado de Valencia, luego de enviudar y ordenarse como sacerdote y, por supuesto, también hemos oído de, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco, Libertador de un continente. ¿Pero Simón Bolívar, gringo?

Quizá, algunos de nuestros parlamentarios prestos a la complacencia de los deseos de su jefe, incluso, antes de que éste los exprese, planteen que la futura Ley de Bandera, Escudo e Himno Nacional, incluya algún inciso que penalice expresiones como la del título de la presente crónica.

 

Sin ánimo de ofender, en realidad. El asunto, más bien, se origina en la costumbre no tan intrascendente, como se verá, de determinadas familias norteamericanas de bautizar sus hijos, con el apellido de algún personaje célebre, preferentemente militar. El novelista Washington Irwin, por el padre fundador de la nación norteamericana.  Jefferson Davis, general y presidente de la llamada Confederación, por Thomas Jefferson. Hamilton Fish, político y burócrata del siglo XIX, por George Hamilton y así, en una cadena que puede resultar interminable.

Simon Bolívar Buckner, senior, nativo de Kentucky, nació  los días en que nuestro Libertador, todavía, se desvelaba por la libertad de América. Efectivo en la guerra de México al lado de su amigo, el también general Grant; combatiente, luego, contra este último, fue su prisionero, a raíz del enfrentamiento de Fort Donelson. Contrasentidos en aquellos países, que como preludio de tragedias más graves, sufren la prédica de odios que colocan al hermano contra el hermano.

Vuelta la paz en la nación norteamericana y Simón Bolívar Buckner llega, a los votos, al cargo de gobernador de su estado, para después competir, y perder, como candidato a la Vicepresidencia, en la fórmula que encabezó el demócrata John M. Paimer.

Pero, la saga de los Simón Bolívar Buckner, no concluyó allí. Está, el caso de su hijo y homónimo nacido en 1886, también general del ejército norteamericano, quien en medio de una rutilante carrera como oficial, recibe el comando de llamada Operación Iceberg durante la guerra del Pacífico. Luego de defender Alaska, Bolívar Buckner, junior, asume la jefatura del desembarco de Okinawa. Para que se tenga una idea de la magnitud de esta acción, basta contabilizar que las fuerzas combinadas de Estados Unidos, sumaron 1.600 barcos, 183.000 infantes y 12.000 aviones de combate. La contraparte japonesa, por su lado, concentró 100.000 soldados bien equipados, más 200.000 nativos de la isla, todos al mando del brillante general Ushijima. Muchos analistas, comparan el de la isla de  Okinawa, con el desembarco de Normandía e incluso, lo califican como la mayor batalla naval de la historia.

El general Simón Bolívar Buckner Jr., cumplidas las primeras escaramuzas en Okinawa, no se hizo construir un bunker para proteger su vida, ni siguió la acción desde lejos, con un catalejos o  a través de las radiocomunicaciones. Se colocó al frente de sus hombres, resultando muerto, el 18 de junio de 1945 por la metralla nipona.

En un pasaje autobiográfico, narra Simón Bolívar Buckner, el joven, que la emulación al Bolívar caraqueño, comenzó con las lecturas que el abuelo hacía a su padre y, a su vez, las que este último le hizo a él, desde muy niño.

Esta homonimia con el venezolano más universal,  puede verse como algo insustancial, que no trasciende de lo anecdótico. No es así. El caso de los Simón Bolívar norteamericanos, demuestra cuán movilizador puede resultar la firme adopción de modelos humanos elevados. Claro, siempre que esa semilla formidable se siembre en campo propicio, porque en espíritu reblandecido o tarado espiritualmente, la evocación no germinará sino en el desplante y en la jaquetonería vulgar.

No obstante, una nota ensombrece la referencia histórica. Simón Bolívar Buckner, Jr. fue un racista redomado. Algo incomprensible en quien decía haber abrevado en el ejemplo del caraqueño. Menos mal, porque hubiese sido el acabóse, que  Simón Bolívar Buckner, Jr., al reventar el primer cartucho en Okinawa, se comportó como un bravo. Porque no se crea, ha pasado con otros sedicentes émulos del Grande Hombre, que además de enemigos de los judíos, de los extranjeros o del diferente, apenas huelen la pólvora en el combate, van, pegan el carrerón y se esconden bajo las sotanas de un cura.

 


© 2006 Derechos Reservados - Dr. Omar Estacio